Nuestra Diputación tuvo, desde sus comienzos, diferentes ubicaciones en la ciudad, casi todas en lugares
o calles céntricas de gran tradición en la urbe malagueña. Muchos de estos traslados han sido fruto de la
propia evolución de sus funciones o necesidades físicas. La primera ubicación como tal, se localiza
cronológicamente allá por el primer tercio del s.XX, estableciéndose en una casa de la calle Carretería,
desde donde se gestionará la administración de la Provincia.
Más tarde, su sede sería trasladada a la Avenida Carlos Haes, conocida hoy como calle Córdoba y justo donde
estuvo emplazada la primera oficina del Banco de España. Los antecedentes de esta calle hay que buscarlos a
partir del s.XVIII, al urbanizarse el arenal que se fue formado en la desembocadura del río Guadalmedina.
Al seguir las tendencias de las ciudades españolas que van creando grandes paseos o alamedas para
integrarlas como nuevos espacios urbanos, entre la plaza y el parque, se les dotaban de hiladas de arboles y
ensanches centrales a modo de plazoleta con fuente. La Alameda malagueña fue una realidad a finales del s.XIX,
cuando se aparecen grandes mansiones para las familias más acomodadas.
El tercer emplazamiento estaría en el noble Palacio de la Aduana, donde también se situaban los servicios
aduaneros, hasta que en la madrugada del 25 al 26 de abril de 1922 se inició un terrible incendio en las
escaleras de madera, instaladas en la 2ª planta para acceder a las buhardillas, alcanzando rápidamente las
viviendas de los 70 funcionarios subalternos y administrativos, produciéndose un enorme destrozo en el
inmueble y archivos y lo que es peor, 28 víctimas mortales según las crónicas. Forzada por este suceso,
la Diputación tuvo que buscar un nuevo inmueble para establecer sus servicios, encontrándolo en
calle Beatas nº 21, un gran caserón o palacio no menos noble del s.XIX, aunque sí de menores dimensiones.
En cuanto a la historia del Palacio de la Aduana, urbanizado el Paseo de la Alameda, el mar quedó desplazado
de la ciudad y por lo tanto la antigua Aduana de la Puerta del Mar quedó pequeña para su comercio, así se
proyectó un nuevo edificio más acorde con el s.XVIII. El proyecto se desarrolló en 1788 con planos de
Manuel Martín Rodríguez, director de Arquitectura de la Academia de San Fernando de Madrid, que con un
espíritu neoclásico y gran academicismo trazó el edificio siguiendo pautas del palacio renacentista y
barroco-clasicista.
El edificio se levantó cerca de la antigua puerta de "Al-Ajoba" y cerca de donde estaba "la Aduana de Moros",
colocándose su primera piedra en 1791 y prosiguiendo las obras hasta 1810 en que se paralizan por la Guerra
de Independencia, hasta que se reanudan y acaban en 1829. En el Palacio de la Aduana se han instalado
sucesivamente la Real Fábrica de Tabacos, Delegación de Hacienda Pública, Diputación, RNE, Gobierno Civil,
Comisaría de Policía, y la Diputación Provincial hasta el mencionado incendio.